TRES ETAPAS EN LA REALIZACION DIALECTICA DE LA DEMOCRACIA Y LA CONSTITUCION PARA LA FEDERACION DEL PLANETA TIERRA

Glen T. Martin

(Translated by Blanca Marrero Nunez, Camaguey, Cuba)

El planeta Tierra está al borde de una revolución democrática global, o al borde de una muerte probable. Nuestra situación histórica mundial a las puertas del siglo XXI es tal, que podemos, o bien ampliar nuestra concepción de la democracia para abarcar todo el planeta como su única esfera legítima, o podemos mantener concepciones pasadas de moda de la democracia que limitan la dialéctica de la historia e impiden la emancipación humana. Las dos primeras fases del pensamiento democrático analizadas en este artículo, a las que llamo " democracia burguesa", por una parte, y "socialismo territorial" por la otra, se han convertido en impedimentos para la expansión emancipadora de la historia. El concepto de democracia se debe globalizar en el siglo XXI para que se incluya dialécticamente lo que es verdadero tanto en la democracia política burguesa como en el socialismo económico territorial y que vaya aún más allá, hacia una dimensión de liberación aún más profunda. Esa dimensión es planetaria y la única soberanía política que es legítima en el siglo XXI es la soberanía de los pueblos de la Tierra. Los derechos económicos y políticos se deben sintetizar en un encuadre más amplio en el cual el significado verdadero de la democracia comienza a surgir en el mundo, -la única democracia legítima históricamente es aquella que se basa en la soberanía de los pueblos de la Tierra, de forma tal que la liberación humana de un paso de avance cuantitativo. En este trabajo definiré el movimiento histórico de la dialéctica de la democracia política burguesa a través de un socialismo económico territorial, y hacia su síntesis en la democracia planetaria.

Se puede decir que la lucha por la democracia, la libertad y la igualdad ha sido el impulso fundamental del mundo moderno. Varias nociones de democracia han girado alrededor de una constelación amplia de ideas, de lo cual podemos concluir que no hay "esencia" estrecha de democracia sino más bien un grupo de conceptos interrelacionados tales como "soberanía del pueblo", "participación efectiva en la toma de decisiones", "libertad", "igualdad", "derechos humanos inalienables", "dignidad humana", "justicia universal" y "promoción del bien común". Estos son conceptos similares que son normativos en cuanto a que su realización se entiende como imperativa moral fundamental, y se toman como universales en cuanto a que son aplicables a todos los seres humanos y sociedades por igual como parte integral de la dignidad del ser humano.

Con Marx quisiera caracterizar el avance más esencial del movimiento histórico hacia la democracia, así como la lucha por la emancipación humana, dialéctica de la cual Marx observó en su Contribución a la Crítica de la Filosofía de Hegel del Derecho. Si la democracia implica libertad para formas ilegitimas de coerción política, o desde sistemas de dominación económica para la realización del potencial humano dentro de un esquema que maximice el potencial humano de cada uno, entonces es un concepto clave en la lucha por la liberación humana que ha caracterizado el mundo moderno.

Marx estuvo de acuerdo con la revolución democratico-burguesa al inicio del período moderno acelerando que "la emancipación política ciertamente representa un gran progreso. No es verdaderamente la forma final de la emancipación humana pero es la forma final de la emancipación humana dentro del orden social prevaleciente". La democracia formal pura, que constitucionalmente le da al pueblo los derechos políticos es un paso de avance en el proceso de la liberación humana. Sin embargo, una forma más adecuada de emancipación humana requerirá de una democracia substantiva donde los derechos políticos puramente formales sean vistos como lo que son -una libertad abstracta y una igualdad eficazmente bloqueada por una esclavitud económica concreta y la deshumanización del capitalismo. Una democracia substantiva requiere del socialismo o del comunismo donde la libertad y la igualdad se extienden tanto hacia la dimensión política de la sociedad como hacia la económica.

En realidad, la dialéctica de la lucha por la democracia ha traído como consecuencia un número de revoluciones socialistas territoriales en el siglo XX y la creación de un número de documentos importantes tales como La Declaración Universal de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas, los cuales han ampliado la noción burguesa de la democracia como derecho político y libertades y el entendimiento de la democracia que incluye los derechos economicos y de la libertad, que hacen posible una comunidad, como señala R.H. Tawney, "de hombres y mujeres responsables que trabajan sin temor y en camaradería por fines comunes, todos los cuales tienen la posibilidad de crecer hasta su mayor estatura, y desarrollar hasta el máximo las distintas capacidades de que la naturaleza los ha dotado".

La sociedad cubana desde el triunfo de la revolución ha luchado contra la tremenda desigualdad impuesta por el imperialismo de los EE.UU. para aproximarse a este ideal de democracia. La concepción de Tawney acerca del role del socialismo en la actualización y diversificación de las posibilidades humanas nos recuerda aquello del Che Guevara del "Hombre nuevo", una nueva persona cuya capacidad profundamente humana para identificarse con el sufrimiento de otras personas a lo ancho del mundo trae una nueva dimensión y una nueva grandeza del alma a la vida humana. Los logros maravillosos del pueblo cubano a partir de su revolución se recogen por el autor venezolano Carlos Méndez Tovar en su libro Democracia en Cuba. Tovar da testimonio de los tremendos logros de Cuba en la alfabetización y la educación, la cultura, el trabajo, la igualdad de la mujer, la salud pública, y la ciencia y la tecnología, y los contrasta con la falta efectiva de muchas de estas características en la democracia de los EE.UU. Tovar argumenta que el pueblo cubano ha dado también pasos tremendamente largos en lo que el llama "amor". El define el "amor" como "la filantropía cubana y el altruismo, una escuela de amor que dignifica a las personas, dándole sus dimensiones genuinamente humanas. Valores tales como la camaradería, el internacionalismo, la solidaridad, el patriotismo y la integridad", dice, "son la columna vertebral de los principios que defiende el modelo cubano". Tales personas encuentran el significado y el objetivo de la vida en la solidaridad, compasión por todos aquellos que sufren en el mundo y la lucha por construir un mundo nuevo de emancipación humana.

Las sociedades socialistas territoriales como Cuba has añadido una nueva dimensión a la lucha por la democracia en el mundo moderno. Sin embargo la democracia, como Marx la entendió, es un movimiento por la liberación humana, no simplemente por la liberación de sociedades en particular dentro de un mundo que se retuerce de dolor, opresión, injusticia y explotación económica. Como dijo Fidel Castro en 1979 en la Asamblea General de La ONU, "Hablo en nombre de los niños del mundo que no tienen siquiera un pedazo de pan". La dialéctica de la historia ha el mundo hacia democracias burguesas, hacia la ampliación socialista de la democracia, hacia una demanda dialéctica por una democracia global. El llamado que hacen las constituciones burguesas a que "todas las personas se crean igual y tengan derechos inalienables" exprese una demanda en el corazón del proceso histórico para universalizar la democracia, para ir más allá de una democracia política y económica hacia una democracia global y la soberanía absoluta de todos los seres humanos en nuestro planeta. Dentro de los conceptos que caracterizan a la democracia tales como " derechos universales e igualdad", el único concepto que no ha sido universalizado es el de " Soberanía de pueblo". La soberanía del pueblo no tiene nada que ver con la territorialidad. Al igual que otros conceptos básicos de la democracia, esta es normativa y universal. Las concepciones territoriales de la soberanía funcionan hoy día como una traba reaccionaria para la expansión dialéctica de la democracia.

En el umbral del siglo XXI, muchos pensadores se han dado cuenta de que las caras del mundo así llamadas "crisis globales" van más allá del enfoque individual, el estado nacional territorial establece a quien se dirige. La igualdad humana y la libertad en el planeta han caído en declive de forma estable desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, en gran parte porque los pueblos del tercer mundo descienden cada vez más profundamente hacia la pobreza masiva y el caos social. Aún más, la crisis de pobreza global se compone de desastres ecológicos múltiples. Mientras que la población del planeta se multiplica, posiblemente doble los 12 billones para el 2025, el medio ambiente global declina rápidamente, la deforestación por ejemplo, tiene lugar a escala planetaria, -en un aproximado de la mitad del área de California cada año. El calentamiento global, el agotamiento de la capa de ozono, el vaciamiento global de las áreas de pesca, la falta de terrenos cultivables en el mundo entero, la desertificación y otros desastres ecológicos, nos llevan hacia un posible colapso ecológico global, como bien dijo Fidel Castro en su discurso en la Conferencia de Medio Ambiente de Río de Janeiro en 1992, subrayando lo que representan estas crisis. El afirmó que "mañana es demasiado tarde." A menos que las naciones del mundo actúen ahora en cooperación masiva, dijo el presidente Castro, no existirá un planeta habitable para las próximas generaciones.

Tal y como el reporte titulado Nuestro Futuro Común de 1987, patrocinado por la ONU, apuntaba, la pobreza y la destrucción global del medio ambiente se interrelacionan. Cualquier solución debe dirigirse hacia ambas direcciones de nuestra crisis planetaria. Todavía nuestro planeta se encuentra dominado por el capitalismo global desenfrenado, sin ninguna fuerza significativa que lo limite y que por tanto perpetua tanto la pobreza global como la destrucción ecológica global. El planeta se encuentra también dominado por un sistema regresivo de más de 180 estados nacionales soberanos los cuales promueven cada uno de ello sus propios "intereses nacionales" en competencia con los otros. El resultado es el caos planetario: la libertad de las corporaciones multinacionales para violar los recursos y explotar todos los pueblos del mundo, y un trillón de dólares por año en gastos militares globales para que estas naciones inseguras esten listas para defenderse por si mismas o para asesinar sus propias poblaciones o para que los estados poderosos se unan al imperialismo contra estados más débiles.

¿Qué puede hacer un pueblo revolucionario frente a la destrucción global sin precedentes y la muerte causada por la pobreza global que se agudiza, una población que aumenta de forma global y la creciente destrucción de nuestro hábitat en el planeta? ¿Cómo es posible estar de acuerdo con la democracia global frente a los impedimentos estructurales gemelos del capitalismo planetario y del sistema de estados nacionales de soberanía territorial? Las respuestas se sugieren en la solidaridad internacional de la revolución cubana descrita anteriormente por Carlos Tovar como uno de los grandes logros de esa revolución. El mismo señalamiento fue también hecho por Fidel Castro en su discurso de 1989 por el 30 Aniversario de la Revolución. "Yo me atrevería a decir" asegura el presidente Castro "que el nivel masivo de conciencia internacionalista logrado por nuestro pueblo no ha sido alcanzado nunca por otro país". Un logro maravilloso. Pero en sus escritos Carlos Marx deja ver bien claro que un cambio de "conciencia", no es suficiente para crear una trnafonmación social. Lo que se requiere es un cambio estructural profundo. Lo que se requiere es una transformación progresiva del capitalismo global hacia un socialismo planetario y la abolición del sistema de estados nacionales soberanos en dirección a una democracia global.

A consecuencia de esto, el movimiento fundamental del mundo moderno hacia la democracia y la emancipación humana se ve frustrado hoy en día por las instituciones gemelas regresivas del capitalismo global y el sistema de estados nacionales soberanos territoriales. La democracia socialista nos puede haber mostrado el camino que está más allá de la fragmentación del capitalismo hacia la realización humana. Pero no nos ha mostrado el camino más allá del sistema de estados nacionales soberanos territoriales que limita y distorsiona el verdadero significado de la democracia. Porque la democracia como el movimiento hacia la emancipación humana es inherentemente universal, que se aplica inherentemente a todas las personas, que no sienta premisas en soberanías limitadas territorialmente sino en la soberanía de los pueblos del mundo.

Frente al nexus de las crisis globales subrayadas anteriormente las cuales presagian lo inrrablemente humano, y los desastres ambientales dentro de un futuro relativamnete muy próximo, ¿Qué pueden hacer aquellos que apoyan la emancipación humana que sea más efectivo, oportuno, y dialécticamente progresivo? Históricamnete, el socialismo se ha atado a si mismo al estado nacional soberano territorial y aquí los progresistas se ven retados a radicalizarse aún más y a ampliar su pensamiento a la escala de la emancipación global verdadera, la cual no puede ser territorial, sino solamente planetaria. El movimiento por un gobierno mundial democrático, bajo la soberanía de los pueblos del mundo, debe sintetizarse con el movimiento por el socialismo mundial.

Este imperativo no es simplemente una demanda abstracta para que las personas amplien la visión de su pensamianto, porque un vehículo concreto para el primer paso en ésta síntesis existe ya en la Constitución por la Federación de La Tierra. Promovido por la Constitución del Mundo y la Asociación del Parlamento y la Ratificación Global y la Red de Elecciones, (organizaciones que ya tienen un lugar en el mundo), la Constitución por la Federación de La Tierra es un documento profundo de carácter histórico-mundial el cual está dirigido hacia la pobreza y la miseria global simultáneamente con la destrucción ambiental global. Se dirige hacia éstas pesadillas gemelas de nuestra crisis planetaria actual, moviendo la democràcia dialècticamente hacia una sìntesis de democràcia polìtica-econòmica bajo la premisa de la soberanìa de los pueblos de la Tierra. Tambièn establece un gobierno mundial democràtico no militar el cual elimina todas las armas de guerra, garantiza derechos econòmicos y polìticos para todas las personas, establece un sistema efectivo de cheques y balances para prevenir la tiranìa, y demanda que el gobierno mundial reestablezca la integridad del medio ambiente y elimine la pobreza global.

El capitalismo global, aùn no abolido, se coloca bajo profundas restricciones bajo el mando del gobierno mundial para que elimine todas las armas, para segurar que ninguna empresa ni privada ni pùblica, destruya el medio ambiente o los recursos no renovables de la tierra y para eliminar la pobreza global. Las premisas de la Constituciòn incluyen la garantìa simultànea de derechos polìticos y econòmicos dentro de un marco institucional encargado de promover el bièn comùn del planeta y de los distintos pueblos de la tierra. Cada naciòn actual se convierte en una unidad dentro de un sistema federal mundial libre de determinar su propio sistema econòmico y polìtico dentro de los lìmites de la garantìa de la Constituciòn de estos derechos a todas las personas. El imperialismo entre las naciones se elimina con la desmilitarizaciòn del mundo, incluyendo el gobierno del mundo propiamente y la garantìa de la integridad territorial de cada naciòn se protege con un sistema de cortes federales para resolver las disputas.

Democracìa como movimiento para la emancipaciòn humana se ha movido dialècticamente de una fase de democracia burguesa hacia una fase territorial socialista, y se enfrenta ahora a la posibilidad de una sìntesis expandida la cual puede dirigirse hacia los inminentes cataclismos globales del siglo XXI. Esta sìntesis elimina de forma simultànea muchas de las caracterìsticas regresivas del capitalismo global actual, conjuntamente con el sistema regresivo de estados nacionales soberanos territoriales. Se entiende que la democracia, los derechos humanos y la liberaciòn humana no pueden ser confinados o limitados a una base territorial. Se le permite a los socialistas trabajar libremente dentro de un sistema polìtico-democràtico a escala mundial para promover y ampliar su visiòn de las metas màximas de la liberaciòn humana. El debate entre el capitalismo y el socialismo se centra entonces en quièn tiene los mejores argumentos o quièn tiene la mayor sabidurìa, y ya no màs en la fuerza de las armas, la propaganda y la coerciòn. Solamente dentro de un entorno planetario del poder democràtico de la ley, se puede decidir el significado màs alto de la existencia social humana.

Pero, este poder global de la ley en un mundo desmilitarizado no es aùn màs que un simple resultado visionario de la ampliaciòn dialèctica de la democracia. Es tambièn una necesidad absoluta si vamos a sobrevivir en este planeta. Como escribiò el poeta Holderlin, "Allì donde el peligro màs grande asoma, allì tambièn se encuentra nuestra màs grande esperanza". Frente a los cataclismos del siglo XXI, tenemos en las yemas de los dedos una salida pràctica. La Ratificaciòn de la Constituciòn por la Federaciòn de la Tierra por el pueblo y las naciones del planeta es el pròximo paso concreto en la dialèctica de liberaciòn humana.

 

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